Un mundo llamado el Delta del Okavango – Botswana I

Sentada en el porche de un lujoso Lodge en medio del Delta del Okavango llamado Delta Camp; después de dos días durmiendo aquí, escribo estas palabras. Me acompañan los pájaros, los babuinos, el ruido de un hipopótamo que se habrá bañado cerca del Lodge y la sacudida de un elefante muy vecino que quiere conseguir el fruto de la palmera. Siento que no solo he aprendido sino que me he hecho un poco más valiente con bichos y animales. He aprendido a respetarlos y entender que, si conoces sus hábitos, es difícil que te pase algo (o eso me han hecho creer a mi). Pero claro, a una “pixapins” cuando le indican con el índice silencio y le señalan a 30 metros un pedazo de elefante de unos cuantos kilos, la verdad es que entran ganas de salir corriendo, la peor de las decisiones según el guía.

En el Delta Camp esto funciona así:

Están en una zona del delta a tocar de Moremi a la que se llega en una miniavioneta. Es importante tener en cuenta esto de mini porque en la que yo fui solo cabían 5 pasajeros y no estupendamente cómodos. Eso sí, Noah, el piloto que decidió dejar Canadá para vivir una aventura en Botswana, parecía tenerlo todo controladísimo, especialmente cuando despegamos de Maun después de ver cómo caía una rayo a unos escasos metros y empezar una tormenta de esas que solo te imaginas en pleno monzón asiático. Muy hábilmente Noah esquivó todas las tormentas que teníamos a ambos lados de la avioneta, pudimos disfrutar de un espectacular paisaje y aterrizó suavemente en la pista de arena del Delta Camp a poca distancia de un enorme elefante.

Al llegar te dan una cálida bienvenida y te explican un poco como funciona todo: horarios, actividades, comidas, servicios generales y precauciones capítulo 1, qué hacer si ves un animal en el Lodge: si estás más cerca de la habitación vuelve, sino acércate al lugar más cercano seguro de forma tranquila.

Cenamos el primer día a eso de las 7:30, con la manager del Lodge, Pony, y dos neozelandeses que viven en UAE desde hace 8 años. Una cenita de lo más rica, casera a más no poder, vino por doquier y con muy agradable compañía. Al acabar ya era de noche Pony nos acompañó a cada chalet: Primero los dejamos a ellos, que estaban en una bonita habitación ubicada encima de un árbol y desde donde podían disfrutar de unas espectaculares vistas y sentirse bastante seguros. Posteriormente llegamos al nuestro, no mucho más lejos pero, a dos escasos metros de las escaleras, Pony se frena y me indica con la mano que nos frenemos también. Empieza a mirar con la linterna y encuentra una serpiente justo en el primer escalón, consigue separarla un poco del paso con un palito de madera largo que coge de la zona pero, claro está, ese día no iba a dormir mucho.

Nuestro chalet era precioso, unas vistas panorámicas espectaculares, una cama comodísima, muebles de madera escogidos con mucho gusto y una ducha sin puerta para que pudieras disfrutar de las vistas mientras te refrescabas. Además, el chalet estaba cubierto por el techo y por la parte interior pero toda la parte que daba al paisaje tenía unas cortinas que, según Pony, podíamos dejar sin problema abiertas toda la noche. Decidimos, por eso, que no íbamos a dormir con todo abierto, al menos no esa noche.

A las 5 de la madrugada era la “Wake-up call” para empezar el trekking. 15 min más tarde nos reuníamos con nuestros guías en la zona común y tomábamos un café acompañado de una barrita energética casera buenísima y fruta. Eso era un tentenpié porque íbamos a estar caminando hasta las 10.30 aproximadamente. 

Las salidas las hacíamos de la mano de Knowledge, de nacimiento Kitsontle Saqago, pero adquirió la traducción al inglés para los clientes extranjeros. Tiene 38 años, casado con 4 hijos y empezó su profesión hace ya muchos años. Comenzó aprendiendo de uno de sus hermanos y hace 10 años que trabaja para el Delta Camp. Knowledge parece un poco serio al principio, de esas personas que parecen estar pensando en muchas cosas y preocupadas a la vez pero es, además de inteligente, una persona maravillosa y con buen sentido del humor. Lo pasamos genial a su lado y, lo mejor de todo, nos transmitió mucho conocimiento de la naturaleza, los animales, las costumbres del Delta y nos hizo sentir muy seguros todo el tiempo.

Al inicio te da unas indicaciones básicas (Capítulo 2: cómo actuar con cada animal peligroso), que son las que más te ponen en tensión especialmente cuando usan frases como: nunca correremos, bajo ninguna circunstancia, no nos cruzaremos por el camino de un elefante, al león no le daremos la espalda y, la mejor de todas, “si algo malo sucede, yo me ocupo del animal”. Al tiempo que me hace sentir segura (pese a ir “armado” únicamente con un walkie-talkie” pues no hay cobertura en el teléfono) me pregunto qué haría yo si perdemos al guía en medio del Delta. 

Empiezas a caminar, saliendo del Lodge, para llegar al mokoro, una pequeña embarcación tipo canoa que usan para trasladarse y que impulsan con un palo de madera empujando el mismo cuando toca al fondo del río. En la época de lluvias, verano, estación húmeda, el mokoro no se usa prácticamente porque el agua no ha llenado aún el delta. Sin embargo, a partir de febrero o marzo, el río lleva mucho caudal y ha desembocado en éste y se desplazan casi siempre así. Los paseos en esta embarcación son preciosos y tranquilos, aunque también hay amenazas como los hipopótamos y los cocodrilos. A los hipos tienes que respetarles mucho el espacio, no son nada amigables así que mejor ni acercarse y con los cocodrilos lo mejor es que pasen y luego pasas tú. Durante la estación húmeda navegar es, además, más peligroso porque los animales están más concentrados y es más difícil encontrar alternativas. Vamos, que ni para eso la época en la que fuimos era la ideal. 

Las “nature walkings”, caminatas en la naturaleza, son una experiencia que, a todo el que le guste caminar y los animales debería de hacer. El paisaje es inmejorable y tiene premios como: jirafas que arrancan deliciosos frutos de los árboles, zebras que vigilan atentos con la compañía y sinergia de los impalas, los babuinos que chillan en lo alto de los árboles y, por supuesto, los majestuosos elefantes que sacuden con fuerza las palmeras para conseguir un buen aperitivo. Acercarse a cualquier animal tiene su tensión pero hacerlo con un elefante es algo más que eso: Tu corazón se acelera, tienes emoción y miedo a la vez, quieres acercarte al máximo, no puedes dejar de pensar en lo que podría pasar pero, si sigues prudente las indicaciones de Knowledge, no hay nada que temer. Lo importante es que no nos vean ni huelan: los elefantes tienen buen olfato pero, viento en contra, puedes estar tranquila. Lo que no tienen es muy buena vista así que si mantenemos las distancias no corremos ningún peligro. El peligroso no es el elefante que ves, sino el que no ves, añade. 

En uno de los primeros grupos, nos vimos bastante rodeados; nunca sabes cuántos son pero lo importante es tener identificado el líder para saber la dirección que lleva el grupo, nos indica Knowledge. Además, los elefantes hacen (normalmente) hasta tres avisos antes de atacar: primero trompetean, indicándote que les estás molestando y que te apartes. El segundo aviso es cuando hacen ondear las orejas, echándolas hacia atrás y el tercero, en realidad ya no es aviso sino ataque.

Por desgracia (o por suerte, según se mire) no vimos ningún “cat” que dicen ellos, gato en español y al que suelen referirse para leones, leopardos, guepardos y demás. Las indicaciones eran claras: con el león podíamos hacer la foto tranquilamente sin problema, mirándolo incluso a los ojos. Con el leopardo teníamos que girar la vista a otro lado. Por lo tanto imagino que nada de fotos, pero tampoco pregunté, pues estaba demasiado concentrada absorbiéndolo todo.

En una de las salidas pasamos muy cerca de una especie de juncos que rodeaban un campo más abierto y en el que había muchísimos impalas. Knowledge se frenó y empezó a mirar con los prismáticos hacia los juncos (y no hacia los impalas como estábamos haciendo nosotros). En estos casos yo más que mirar donde él miraba le miraba a él para intentar leer en su mirada el nivel de preocupación. Siempre era el mismo, ninguno. Y dice: creo que he visto algo entre los juncos, probablemente era un “gato” que quería sorprender a uno de los impalas cuando se acercara lo suficiente pero, al vernos, se habrá alejado. Sería un leopardo que son muy listos y tímidos y se habrá ido bien lejos. Mi cabeza solamente podía pensar en: leopardo y hambriento. Tengo que decir que no me importaba para nada no ver “gatos”, ya me estaba bien el paisaje, los herbívoros y acercarme a los elefantes ya me emocionaba lo suficiente. Dicen que es poca la probabilidad de que veas uno, eso sí, me pregunto yo: si lo ves, ¿cuál es la probabilidad de que no esté hambriento? Me lo quería imaginar después de un festín, reposando bajo un árbol pero… ¿y si no era así? Solo de imaginármelo en movimiento mi corazón se alteraba. 

Otra de las bonitas experiencias fue acercarnos a una charca con más de una veintena de hipopótamos. Estos animales, a los que recuerdo siempre por el tragabolas, que tanto me divertía de pequeña, son menos amigables de lo que uno puede pensar. No hay que interponerse nunca en su camino, ni en el agua ni fuera de ella, porque irían a por ti y, además de tener unas buenas muelas, son bastante más rápidos de lo que uno puede correr. Al acercarte a su zona de baño, te miran y te hacen gestos de amenaza abriendo la boca, demostrando así su simpatía. Knowledge nos aseguraba que no iban a salir del agua pero a veces piensas que puede haber un loco en el grupo, como en los humanos. Pero en la naturaleza no es así.

Con estas caminatas te das cuenta de lo tranquila que es la naturaleza en general. Esa tranquilidad solamente se rompe por necesidad, supervivencia, por comer o por defender lo tuyo (tu territorio, tu familia,…).

Yo, sinceramente, no me quité el nerviosismo en todo el tiempo pero siempre me sentí de lo más segura cuando estábamos paseando con Knowledge. La empresa dispone de unos 40 guías oficiales, creo que tuvimos la suerte de tener el mejor. No por casualidad Ann Gollifer le hizo protagonizar su libro de historietas del Delta: Men With Tales.

Avioneta - Delta del Okavango

Cuándo ir al Delta del Okavango

La época seca es la mejor porque el Delta está lleno de agua (habrá descendido de Angola durante los meses de lluvia) y se pueden hacer muchos paseos en mokoro. Por contra los precios son más altos. En la época de lluvias, como la nuestra, tienes bastante calor durante el día y bastantes probabilidades de lluvia por las tardes. A nosotros nos llovió un día, cuando llegamos por la tarde. La parte más positiva de esta época es que tienes el Lodge casi en exclusividad y los precios algo más bajos.

Supongo que el hecho de no tener ninguna expectativa acerca de la zona facilitó que el recuerdo que tengo de esos días sea lo mejor vivido en un viaje pero, realmente, aconsejo vivir alguna vez las caminatas por la naturaleza y, si es en el Delta Camp y con Knowledge mejor que mejor.

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